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Covid-19 sobre ruedas.

Hacia días que no salía del encierro. La semana pasada mis salidas fueron de la casa a la agencia funeraria en donde los restos de mi abuelita fueron incinerados. Ella murió el 6 de Mayo de 2020, en plena efervescencia covídica en la Ciudad de México.

Mi abuelita murió de viejita; tenía 98 años y un nudo en la garganta surge cuando recuerdo el hecho. Debo decir que no fui una nieta ejemplar, sin embargo sé cuánto me quiso y cuántas veces me perdonó por algunos actos de conducta que para ella eran inadmisibles. Ella fue una mujer de decisiones rotundas: jamás perdonó a mi abuelo el engaño y la infidelidad y se entregó a mi papá como una madre ejemplar y una amiga que respetó las primeras y últimas decisiones de mi padre, para bien o para mal.

Todo lo anterior, en días normales me lo reservaría solo para mi. No obstante, estos días raros y bizarros que se han acumulado desde finales de marzo de 2020, cuando se comenzaba a paralizar la economía y el libre tránsito, para aquellos que no tuviésemos nada que hacer fuera de casa, me inducen a ser un poco más sincera respecto a parcelas de vivencias y sentimientos que he vivido.

Ahora estoy más sensible. La pandemia del COVID-19 no me causa temor, tomando las medidas de cuidado correspondientes, lo que más inquietud me da en estos días es saber si en verdad este tipo de experiencias me volverán más humana, sensible y tolerante hacia los demás. Yo lucho porque así sea y no me deshumanice al grado tal de ya no sentir nada.

La muerte de mi abuelita me ha hecho ser más sensible. Ahora mismo me pregunto que hará y pensará Bety, me intriga saber cómo vivirán su día a día, en el plano emocional, esas personas que hoy retraté subidas a su bicicleta, rumbo a un destino específico: entregar comida a domicilio o supervisar la seguridad y orden en bicicleta.

Las ideas que surgen de mi cabeza no tienen nada que ver con las fotografías que hoy tomé. Sin embargo dejo un testimonio documental de lo que hoy capté con una cámara de bolsillo Lumix-DMC-SZ3 que acaba de cumplir once años de trabajo fotográfico arduo, en compañía de quien ésto escribe.

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Fotos.

Diario de lo inmediato.

Juanita no me dejó trabajar, quería mi atención. Las fotos que tomé del capuchino me salieron mal. Desde la concepción del café, que yo mismo preparé, ya se vaticinaban unas fotos no aptas para presumir. No obstante, las publico, para que vean lo que no se debe de hacer en fotografía de producto, aunque rectifico: Juanita no es un producto, es un ser vivo educado. Me temo que Juanita está algo triste, tal vez está sentida conmigo porque últimamente no juego con ella. Tal vez las fotos son un reflejo de ese pensamiento.

Pandemia, fotografía y vida.

Ante la pandemia que permea este año de 2020, es hora de sentarme, de respirar profundamente; de platicar y, por qué sí: de renacer. Porque la existencia lo demanda y la fotografía también.
La vida a cambiado un poco, al menos para quien esto escribe. En este sentido los aparentes momentos difíciles que ahora veo en mi existir, son los mismos: el comprenderme y ser condescendiente conmigo misma para serlo con los demás seres que me circundan.
Porque debo confesar que hace algunos ayeres, yo era muy exigente conmigo misma. Acepto que esa actitud en ocasiones vuelve a resurgir y trato de contenerle por mi propio bien y el de los demás.
Por otro lado, la vida me ha dado sorpresas por no ver más allá de mis narices o por dejar hacer y dejar pasar. En este sentido, hoy comprendo que la mejor manera de prever dificultades es comenzar a trabajar desde el ahora, no desde el ayer o lo que no sé si el futuro premiará o me propinará.

Parte de esta actitud de renacimiento existencial y fotográfico, está ligado a que me he dado cuenta que no puedo quedarme varada, no puedo paralizarme y echarle la culpa a una pandemia mundial y a las consecuencias, que este suceso, trajo y afectó a algunos seres queridos, incluyendo a mi papá.

Por ello, hoy escribo esto en mi “diario de lo inmediato”, para dejar testimonio de este hecho y recordarme a mi misma que en cada instante la magia de la transformación está presente si yo la hago palpable y real.

Para concluir, también he de confesar que no le temo a la muerte, ni a la pandemia, lo cual no quiere decir que no ame la vida y mi existencia con todo y los matices de sombras y luces que ésta me ofrece.

Ante la confesión del párrafo anterior, queda patente mi actitud de retratar « desde la distancia, algunos parajes de circunstancias que me encontré durante esta pandemia que se resiste a dejarnos libres.
Ante los hechos que he vivido, y de los cuales no puedo ser tan explicita, me queda la enseñanza y la entereza de escribir desde el ocaso de todos los días de mi vida, para volver a renacer y vivir de mañanas de energía positiva, que me permitan hilvanar, por las noches, las historias que aún no alcanzo a contar de manera tan directa.

Cuarentena más allá de la cuarentena.

Medio año más, o de por vida, aprenderemos a vivir desde el binomio confinamiento- des-confinamiento. Nos pondremos cubrebocas, caretas y lavaremos las manos; algunos otros se olvidarán de esos cuidados. Para algunos la vida continuará y para otros culminará.

Lo cierto es que, al menos yo, ya estaba acostumbrada a observar y a fotografiar, desde la distancia o la cercanía, algunas realidades que a veces pasaban tan de prisa que obviaba comunicarlas y documentarlas. En el fondo mi proyecto fotográfico en sí: es la suma de todas las situaciones que he vivido y retratado en torno a la vida misma. Que a veces haya algunas temáticas en específico, es un mero protocolo para decir que como fotógrafa mi cabeza está en orden y no en desorden.

Sirva este “Diario de lo inmediato” para dejar testimonio de lo que me he encontrado en mis salidas limitadas a la calle desde que inició la cuarentena más allá de la cuarentena.

Para ser discreta, siempre con mi cámara Panasonic DMC-SZ3.

Vida fotográfica.

La mitad de mi vida se ha ido en tomar fotos, aquellas que intentan detener el tiempo; alimentar mi memoria. Ciertas imágenes me sirven para quedarme quieta por unos instantes, evaluar mi vida, sus altas y bajas, sus virtudes, defectos y vicisitudes. A la fecha, no me aburro en el acto de tomar fotografías, sean estas de carácter estrictamente comercial o aquellas que intentan despertar mi mente y la de otros; detonar en sus corazones una corriente de energía capaz de revolucionar sus memorias, corazón y entendimiento del mundo que les habita.

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Fotos al natural.

Me pasa.


, ahora más que antes, mostrar fotos al natural; sin algún artificio y filtro de por medio. Ya de por sí, cada cámara fotográfica guarda para si y los demás sus propios artificios y paraísos digitales. No es extraño escuchar a la gente decir que la escena captada con teléfono celular se ve más bonita desde la pantalla líquida del aparato en cuestión que en la realidad misma. Yo, por ejemplo, veo la belleza desde antes de la toma y por ello hago fotografías. La belleza o fealdad no la veo a partir de la cámara, sino antes.

Continuará?

Hoy murió un disco duro.

Hoy murió un disco duro y perdí toda la información contenida, pues no tenía respaldo. Aunque esta foto que salvé es media lúgubre, no estoy tan triste. Pienso en lo feliz que soy. Pues me he ahorrado el trabajo de clasificar y alucinar con las miles de fotos que había recolectado.
Continuará…

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